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Transicion energetica justa en Holanda

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LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA Y LOS TRABAJADORES 

La transición energética en Holanda se caracteriza por ser un proceso alternante que ha variado según las características del escenario internacional y la relación de este país con sus recursos naturales y el medio ambiente. Si echamos un vistazo a esta historia, el papel del movimiento sindical ha sido fundamental para que las transiciones se den de forma justa con los trabajadores del sector minero.

Primera fase de descarbonización

La primera transición se produjo durante la década de 1960, cuando Holanda dependía en un 85% del carbón para el consumo de energía en sus regiones. Particularmente, la provincia de Limburgo se destacaba como región carbonífera al concentrar en su territorio las principales minas del país, donde sindicatos de corte religioso fueron quienes sobresalieron durante este periodo.

En diciembre de 1965, el ministro socialdemócrata de asuntos económicos Den Uyl, lanzó una agenda para el cierre de minas de carbón pues consideraba esta actividad como inhumana; el cierre se planteó como un proceso colectivo dirigido por el Estado con un enfoque de reconversión económica y laboral  para la región, y al mismo tiempo, se adelantaba una clausura gradual sin marcar una fecha exacta de cierre definitivo. 

Este plan, combinado con qué NAM (una empresa conjunta de Standard Oil and Shell) descubrió el campo de gas natural más grande de Europa en Holanda, dio lugar a que la importancia del carbón fuera desplazada por la del gas natural en el mercado nacional. Así las cosas, la Dirección de Minas Estatales Holandesa, redireccionó su enfoque hacia esta fuente de energía, mientras que los sindicatos de las minas de carbón concentraron sus preocupaciones en los bajísimos salarios -menos del salario mínimo en el país- y no en el aumento de empleos ante el cierre de minas.

Sin embargo, rápidamente se dieron cuenta de que la reestructuración del sector  sin una alternativa de empleo parecía ser una opción común entre los gobiernos europeos como estaba sucediendo  en Bélgica donde los trabajadores organizaron protestas masivas exigiendo una transición justa. Esta situación dio lugar a que los principales sindicatos de Limburgo se organizaran para demandar soluciones frente al desempleo. Sin embargo, la Dirección de Minas Estatales Holandesa y la organización sindical que tenían un historial de diálogo, lograron alcanzar un acuerdo para capacitar y diversificar la fuerza laboral y crear nuevos empleos. Los líderes sindicales comenzaron a cambiar su discurso hacia una perspectiva  en la que el futuro de las minas era limitado y se necesitaba una nueva estrategia.

Diálogo social y liderazgo estatal

El fin de la economía del carbón en el sur de Holanda tuvo diferentes fases que permitieron una transición considerada por muchos, justa.   En un comienzo, los trabajadores aceptaron el cierre de las minas solamente si el gobierno aseguraba empleos alternativos para ellos. Por su parte, los propietarios de carbón tuvieron un incentivo para continuar la extracción hasta que el costo marginal igualara los ingresos, pero la mano de obra tenía que beneficiarse de un subsidio antes de que las ganancias se evaporaran. En segundo lugar, se creó el departamento de reindustrialización en la dirección de Minas Estatales Holandesas. Este se convirtió en una institución de servicios para inversores externos, creándose un fondo de proyectos con acceso fácil a financiación. De cara a posibles nuevos empleadores, los trabajadores se dividieron en grupos de jóvenes y mayores, capacitados y menos capacitados. En tercer lugar,  la discriminación por edad se convirtió en una característica importante de la reasignación del trabajo, pues trabajadores de diferentes edades y niveles de habilidad requerían distintos enfoques, sin embargo, esto creó un sentimiento de rechazo y falta de valoración de los trabajadores de mayor edad , lo que llevo a  los sindicatos a plantear la necesidad de un programa que tuviera en cuenta aspectos psicológicos y acompañamiento social y  que el plan no sólo se concentraran en la creación de fondos y jubilación temprana. 

Con el tiempo, la desaparición de la minería del carbón en Holanda provocó una simplificación excesiva de las causas de la transición sin abrir un debate sobre los porqués de la misma y sus implicaciones hacia el futuro.  Sin duda, la crisis de la oferta de acero y carbón, la caída de sus precios mundiales en 1958 y 1959, hicieron que la minería fuera menos competitiva y no rentable en el nuevo mercado europeo, pero aún estaba lejos la descarbonización definitiva de Los Países Bajos.

 

Segunda transición: De vuelta al carbón

Aunque el consumo de carbón era mínimo a mediados de la década de 1970, volvió a ser esencial.  El resurgimiento ocurrió en el sector de la transformación, donde el carbón se convirtió en electricidad. Con un petróleo barato y una creciente expectativa frente a los beneficios de la energía nuclear, en la década de 1960 se tomó la decisión de consumir las riquezas de gas natural, recién descubiertas, lo más rápido posible y mantener una matriz energética mixta de carbón y energía nuclear.

La crisis del petróleo en la misma década dejó en claro que el sistema energético holandés era vulnerable y que el valor del gas natural doméstico era más alto de lo esperado. Las crisis energéticas tuvieron dos impactos importantes:  primero, se revisó la política de extracción apresurada a favor de una política de extracción a más largo plazo. Segundo, la crisis del petróleo había revelado la dependencia de los Países Bajos a unos pocos proveedores. Por tanto, se fomentó la diversificación de proveedores y de recursos.

Esta diversificación dio lugar a un renovado interés por el carbón. Dos minas todavía permanecían activas. A raíz de la ya citada crisis del petróleo, los expertos y luego los responsables políticos comenzaron a argumentar que la participación del carbón y la energía nuclear en la combinación energética del país, debía aumentar, asegurando que el consumo de petróleo y gas natural tendría que reservarse para un uso eficiente. 

De esta manera las investigaciones se dirigieron al uso de carbón como fuente de energía. El gas de este mineral era eficaz porque coincidía con una ventaja competitiva holandesa: su infraestructura de tuberías para gas natural.

Transición energética actual: hacia una transformación justa

Hasta 2015, el comercio holandés tenía un gran interés en el carbón. No obstante, el fin de la producción nacional implicó un cambio en el comercio, y  Rotterdam y Ámsterdam se convirtieron en los nuevos centros de comercialización del carbón para Europa. El tonelaje manipulado había aumentado rápidamente desde mediados de la década de 1970. Los puertos se beneficiaron del declive general de la extracción de carbón en Europa y de las nuevas centrales eléctricas de carbón fuera del país. Por otro lado, Países Bajos se halla en un territorio favorable, tanto Rotterdam como Ámsterdam habían tenido una tradición en el manejo de este tipo de carga y el carbón se consideraba como "estratégico". 

Actualmente, Rotterdam y Ámsterdam siguen siendo el primer y segundo puerto de carbón más grande de Europa. A pesar de esto, se enfrentan a un difícil "dilema fósil", pues el carbón es una causa importante de la actual crisis climática ya que la combustión de este material es una fuente importante de contaminación por CO2. 

Después de la firma del Acuerdo de París, este país está empeñado en reducir al máximo sus emisiones de dióxido de carbono con el fin de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 C° en la fecha estipulada en el Acuerdo. Aunque sus iniciativas parecen estar acorde con la urgencia climática con la creación de una ley en diciembre de 2019 que supone alcanzar el cierre de todas las centrales eléctricas de carbón del país para 2030, el país enfrenta dos demandas judiciales  por parte de dos centrales eléctricas de carbón que ascienden los 1.000 millones de euros como indemnización bajo el Tratado de la Carta de la Energía (TCE). 

Finalmente, ante las adversidades que representa el cierre de las centrales de carbón, el cómo llevar un proceso de transición justa ha sido una constante en los principales sindicatos de centrales de energía holandeses como FNV, el cual se organizó en un momento propicio cuando fue claro que iban a cerrar la planta de OBA y Hemweg en 2019. Tras un proceso de lobby político y de presión hacia las autoridades respectivas, combinado con acciones de protesta, lograron conseguir en el 2020 un fondo de transición justa para el sector de las centrales eléctricas de carbón por 25 millones de euros para planes de transformación laboral, entrenamiento, capacitación y jubilación temprana. Este fondo representa un programa piloto, pues el sindicato sabe que van a venir muchas más transiciones en la industria holandesa: 

“Así que tenemos un acuerdo en el que SZW ha prometido alrededor de 25 millones. Llegaremos a acuerdos adicionales sobre el método de trabajo y la implementación futura del fondo. Eso también requerirá mucho tiempo y energía. El arduo trabajo durante casi 4 años ha dado sus frutos y sus esfuerzos no han sido en vano. Un buen resultado con la lección de que la persistencia gana. Lo hemos probado antes y lo estamos probando de nuevo”

El caso holandés de la descarbonización de su economía muestra que una transición energética justa es posible. Se necesita voluntad, confianza,  transparencia, diálogo y un proceso inclusivo.

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